Reflexiones de Nuestros Rabinos

Fundación Judaica
La fe judía y la ecología
Por Rab. Simón Moguilevsky
En los dos primeros capítulos del Génesis, encontramos el testimonio más importante acerca de la misión del hombre sobre la tierra, ser “socio” del Eterno en la Creación, y de alguna manera monitorear y vigilar al mundo, para impedir daños en la naturaleza.
Es interesante destacar que de acuerdo a nuestra fe, hay que pronunciar una “bendición”, llámese agradecimiento, antes de comer y beber, ponernos algo nuevo, etc., puesto que así manifestamos la supremacía del Creador. Así es como nos convertimos en “socios” del Eterno para lo que llamamos la “conservación ecológica”, y que se resume en un precepto talmúdico que dice: “no dañar…” Para la Biblia dañar el pan, que ha sido el alimento principal del hombre, y todos los otros alimentos, es como rebelarse contra el Eterno, que los instituyó para la nutrición humana.
En el libro del Deuteronomio encontramos una severa amonestación por dañar los árboles frutales de una ciudad sitiada. De esta manera, se advierte de no dañar también a los frutos. Cabe consignar que con respecto al problema que se nos presenta en nuestros días con relación al ahorro de energía, el Talmud advierte que no hay que derrochar elementos de combustión, aunque hayan sido rudimentarios en aquella épocas.
Ya en épocas pretéritas, la vida de relación y de trabajo muchas veces ocasionaba directa o indirectamente inconvenientes al prójimo, por eso el Talmud los encara y advierte, como, por ejemplo, los desechos peligrosos que a veces se arrojan en un lugar público con los consiguientes resultados. Al asumir y respetar los preceptos de nuestra fe, podemos conseguir forjar un mundo más sano y llevadero bajo la égida del Eterno.
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