Comentario de la Haftará del Shabat Terumá (Reyes I 5:26-6:13)

haftara

Julius Henry Marx, el genial humorista que fuera conocido como Groucho Marx, alguna vez dijo: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros.”

La frase, por demás disparatada, nos despierta una sonrisa espontánea. Hay varias teorías que intentan explicar el por qué una frase se transforma en un agente hilarante. Una de ellas es la de Curcó quien nos explica que el chiste es un estímulo incongruente respecto al modelo de pensamiento y que dicha incongruencia es el instrumento que, al tener efecto, emergería la risa. La Haftará del Shabat Terumá, en consonancia con el texto de la Parashá, nos habla también de la construcción del Santuario, aunque ambos difieren en que aquel de la Torá era un santuario móvil que acompañaba al pueblo en su recorrido hacia la Tierra Prometida y éste de la Haftará, se refiere al Primer Templo de Jerusalem construido por el Rey Salomón.

Del relato se destaca la situación geopolítica de la región en la que se habían establecido, no sólo fronteras de paz extensas, sino que hasta había una relación de amistad con el Rey Hiram de Sidón, que reinaba en las tierras del actual Líbano. Fue aquel rey, tal como cuenta nuestro texto en cuestión, quien aportó los “Cedros del Líbano” para la construcción del Templo a cambio de cereales. Otro detalle peculiar del texto es que resalta la técnica constructiva, la cual respetaba la Ley Mosaica respecto de no biselar la piedra con elementos metálicos durante la construcción, sino que fueron labradas en las propias canteras.

Asimismo, el texto, da detalles pormenorizados respecto a las longitudes del frente y laterales de las respectivas plantas del predio, como así también del revestimiento interior del ambiente, entre otros. El texto se esmera en detalles muy puntuales debido a que de la exactitud con la que se observen, dependerá el éxito de proveerle una morada en nuestra tierra a D-os.

En esta relectura permanente encontré un versículo que despertó en mí un interés particular, al punto de llegar a cuestionarme si los abundantes detalles y especificaciones técnicas del relato no serían la cubierta de un concepto central. Aquellos detalles “fundamentales” estarían dispuestos en forma de envolturas superficiales (entiéndase en ambos sentidos literales) cubriendo un concepto central; dicha idea central se opondría y exhibiría la incongruencia conceptual con las otras. Fue entonces que el texto me trajo a la memoria aquella frase del genial Groucho, tal como si este texto también se tratara de un exponente del humor y la ironía, en este caso bíblica:

«En relación con el templo que estás construyendo, yo cumpliré la promesa que le hice a tu padre David, siempre y cuando tú obedezcas mis estatutos y mis decretos, y pongas en práctica mis mandamientos; entonces yo habitaré en medio de los hijos de Israel, y nunca abandonaré a mi pueblo.» (1 Reyes 6:12-13)

En definitiva, grande podría ser la sabiduría de Shlomó Hamelej (Rey Salomón), muy cuidadosos los detalles estilísticos y de diseño del Templo, esmerada y meticulosa la observancia de las técnicas empleadas y respetadas todas las medidas, pero hay una única condición para que D-os resida en medio de Su pueblo: Que no se relativicen Sus Principios, su Ley y que los mismos sean cumplidos. Ahí residía lo sustancioso del Templo, en la calidad ética y moral del Rey y Su pueblo.

Shabat Shalom
Rubén Cheistwer
mohel@mohel.com.ar