PARASHAT VAIAKEL-PEKUDEI

parasha

Rabino Ari Bursztein

Las dos parashot que leemos este shabat nos relatan la ejecución de la obra de la construcción del mishkán (tabernáculo) ordenado por D ‘s. La pregunta que retorna constantemente es porque la Torá dedica tanto esfuerzo en relatar con detalle esta construcción y no detalla la creación del mundo. A partir de este cuestionamiento muchos comentaristas observaron que en realidad existen varias similitudes entre los dos relatos a pesar de la diferencia de longitud.  El mishkán es una especie de microcosmos del universo. Esto se percibe en palabras similares que se usan en el texto de la creación del Génesis y en nuestra parashá, como por ejemplo el termino “melajá “(obra o trabajo) e incluso en el idéntico numero que se utilizan algunas palabras. Pero el versículo principal que demuestra esta tesis se encuentra hacia el final de pekudei: “Vio Moshé toda la obra, y he aquí que la habían hecho como había prescripto Adonai: así lo hicieron. Y los bendijo a ellos Moshé” (Éxodo 39:43). Esto nos recuerda a la finalización de la creación del mundo: “Y se concluyo la creación del cielo y de la tierra y todo lo que contienen. Habiendo concluido su obra, D ‘s ceso en su creación y reposo. Y bendijo D ‘s al día séptimo y lo santifico ya que en él concluyó su obra y su creación” (Génesis 2:1-3). En la conclusión de la creación, D ‘s bendice a su obra y la conclusión del mishkán recibe la bendición de Moshé. El rabino Jonathan Sacks comenta sobre este paralelismo que en realidad lo que D ‘s encomiendo al pueblo, luego de los vestigios de la adoración del becerro de oro, fue la reconstrucción total del mundo. El mishkán funciono como una especie de “restart” del pueblo de Israel, un proyecto de reconstrucción de cero para el cual había que aplicar la creatividad y la precisión en contra del caos que produjo el becerro. Así como el becerro fue producto de la idolatría y el egoísmo, el mishkán es el resultado de la ofrenda que crea la comunidad.